viernes, 25 de abril de 2014

CAJÓN DESASTRE...DE ESTE NUESTRO MAR DE LETRAS




El pasado día 8 de abril resulté ser la suertuda "silueta enigmática" del sorteo organizado por Marilú con motivo del Cumple-Blog de "Cuentalibros", y, como rezaba la resolución del mismo, mi premio consistía en un cajón a medida y libro+sorpresa. Y debo confesar y confieso que me fallaron intuición y clarividencia, a partes iguales, a la hora de fantasear en la forma y fondo del Cajón, título o portada del libro, o en el qué, cómo o cuándo sería la sorpresa. Cualquier parecido con la realidad ha resultado ser pura ficción.

Tras un intenso día de Sant Jordi, en el más amplio sentido de la palabra, dándole un trote excesivo a mi maltrecho cuerpecito (que no cuerpazo), andaba yo de estar por casa, a medio gas y sensiblona, cuando el cartero hace sonar el timbre y al abrir yo la puerta me dice algo así como:
-Estás en casa? 
A lo que dudé entre contestarle o responderle.... Y finalmente me limité a decirle:
-Pues va a ser que sí.
Y con una sonrisa un tanto absurda (o tal vez la tontería que yo llevaba en lo alto me provocó esa percepción) me dijo:
-Estupendo! Pues me acerco a la oficina y regreso en 10 minutos con un paquete para ti.
Y sí, señoras y señores, a los 10 minutos lo tenía de nuevo haciendo sonar el timbre, paquete en mano! (Esas sonrisitas picaronas... Que os veo!)

Remitente: Marilú. 
Corrí a Twitter. Literalmente corrí. Y a gritos tuiteé a Marilú: 
- Acaba de llegar el cartero. La emoción me ha paralizado. Estoy sola en casa y necesito compartir!! 
Y ella respondió un par de frases breves y contundentes:
-Que lo abra! Que lo abra! 



Y lo abrí! Leí. Y me provocó un PELLIZCO, con mayúsculas, que me emocionó. Eh! Y lloré.

Y como no creo estar a la altura para añadir ni media al "Cajón" de Marilú, procedo, directamente, a compartirlo con vosotr@s.
Pasen, lean, y sonrían.


MiMar de letras
Cristina era niña con sede propia, una poltrona y líquido elemento, lugar preferente, ocasión idónea para travesías por océanos de lecturas. Chiquilla sin complejo y de cuentos. La rana que besó al árbitro y lo transformó en hincha del Barça era de sus historias preferidas.
La mañana de aquel domingo levantó muy temprano para ver las carreras. A lo Ferrari iba a la cocina cuando su madre le preguntó por la excursión.
—¿Excursión? ¿Qué excursión?
—La del cole, al acuario ¿recuerdas?
—No mamá, yo no voy.
—Sí que vas y luego nada de pancartas de Salvemos a las ballenas que nos conocemos. Vas, miras los pececitos y regresas.
—Si no voy a poder traerme un pez, ni transformarme en sirena, no voy.
—Anda, no seas cabezota, hagamos un trato. Como yo no puedo ir, quiero que me lo apuntes todo.
Y del cajón de la cocina sacó un viejo cuaderno de pasta dura.
—¿Que apunte qué? —dijo sabiendo que tocaba darse por vencida.
—Pues lo que veas, sientas, oigas… todo. Después haremos un cuento. Ya verás, será divertido. Para que te sea más fácil tendrás que usar unas palabras, apunta.
A regañadientes y resoplando escribió: Nuestro mar, peces de colores, para gustos colores, letras.
—Eso de los gustos no tiene nada que ver, mamá.
—Ya lo sé, ahí la dificultad.
Tres protestas por siete cuentos y la negociación quedó zanjada.
A la mañana siguiente madre e hija pusieron rumbo a la parada del bus que la llevaría al acuario. Algo confusa y con el cuaderno bajo el brazo Cristina saludó a sus compañeros. Esos niños que nerviosos mostraban sus cámaras de fotos.
Avergonzada apretó su denostado ejemplar de pastas viejas e hizo las últimas alegaciones, todo en los minutos previos para subir al autobús.
Durante el trayecto no dejaba de rebuscar la manera de quitarse de en medio. Con ello en mente, nada más llegar se escabulló para acudir al baño y perderse por aquel Mare Magnum.
Recorrió lenta cada pasillo, se detuvo ante mucho cristal. Observaba aquellos seres que entre corales y algas se desplazaban por la pecera como si no hubiera mundo del otro lado. Parecían parte de un ecosistema superior, organizados, cada cual a su tarea pero todos en la misma agua.
La estrella pegada como una lapa, el caballito relinchando entre burbujas, el pez manta dando la manta y el chupafondos… puagh, qué asco, se dijo, aquí sí que podría decir eso de para gustos colores y anotó, debajo del apunte que le había dejado su madre
Cuaderno de bitácora
(No olvides las palabras, las letras siempre ayudan) Mamá.
Ese cuaderno con el que fue a dar Cristina años más tarde. La mañana del once del once. En su portada parecía decir algo como: O meu cartafol. Con las mudanzas no se había perdido, ni ella tampoco. Lo tenía muy claro. Escribió las primeras letras dedicadas a su marido e hija:
La siguiente entrada se resumía en una palabra:
Sea como fuere y echándole un poco de imaginación… (Porque cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia) esta nuestra Cristina Roes terminó siendo una escribiente de bitácora. Solo que los tiempos cambian y ahora es algo más virtual, sin tapas y con twitter, bajo las directrices del a veces infame blogger y colaboraciones de Facebook.
En ese nuevo acuario de vida ella ofrece mucho mimo: MiMar… escribió y por supuesto, letras y entre los muchos peces de colores que por allí nadan cuenta con grandes amistades, enlaces, Palomas, páginas (mejor si son de la 2) y desde luego un océano de para gustos colores. A lo que no renuncia es a lecturas,  Barça, ni carreras de coches. A fin de cuentas, sobre géneros y preferencias literarias y extraliterarias todo está por escribir. Ella forma parte de lo que llama Nuestro mar que como ya rezaba el cartel de los calamares:
Mar en el que todas las especies tienen cabida y son bien avenidas
Lo que nunca supo es que a veces, el mar, cabe en un cajón.
Con cariño para Cristina Roes


Y a este maravilloso "Cajón" le acompañaba...

-El libro, con el que hace unas semanas, Marilú, me tentó con su reseña, "Del color de la leche", de Nell Leyshon.



-Tres geniales marcapáginas de "Cuentalibros", y una libreta ilustrada por coches (una de mis pasiones, para quien no lo sepa).



-Y como sorpresa esta preciosidad de caja, personalizada, obra de Meg del Blog "Cazando Estrellas". 



¿Qué? ¿Cómo os habéis quedado? Sed sinceros, eh! Morís de la envidia, verdad? Quien diga lo contrario miente, vilmente, pero lo puedo entender.

Gracias Marilú. Mil veces gracias. Por este regalo que como tú bien sabes llegó, y me llegó.
Y a ti Meg, felicidades, por esas manos de artista que tienes. 
Y para muestra la caja de "MiMar de Letras". 


19 comentarios:

  1. Yo me muero de envidia y me he emocionado! :) que grande eres Marilú! A disfrutar del libro y los regalitos, la cajita es preciosa!! Saludos, no, besos

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  2. Ooohhh, qué bonito!!! Pues claro que muero de la envidia!

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  3. Pero qué bonito!!! Pues sí,envidia, muchísima envidia... Un texto para leer y releer. Y una cajita preciosa!!! Qué manos tiene Meg!
    Besotes!!!

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  4. Es hermoso de verdad :) Yo me hubiera puesto a llorar como una descosida, no lo dudes.
    Un beso... ah, y disfruta de "Del color de la leche".

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  5. Ooooooh! No sé que decir que no te haya comentado antes. Me alegra muchiiiiiiiiiiiiisimo que lo hayas disfrutado como lo has hecho. Con ilusión y sorpresa que era la idea. Yo también tengo envidia, la caja que le encargué a Meg me encantó :) espero que el libro te guste, creo que lo hará y gracias por compartir ese momento y ponerle esa chispa que tú pones a todo.
    Un besote!

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  6. Síiii!! Me muero de envidia!!! Qué chulada!!! Cómo os lo curráis, las unas y las otras! Un placer compartir blogosfera con vosotras. Gracias a vosotras la blogosfera se encoje y os siento más cerca.
    Besetes!!!

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  7. Que preciosidad madre mía!!!!
    Y sí, me muero de envidia
    Besos

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  8. Pues sí, me he quedado tal y como dices :P Una maravilla muy currada y tan creativa como emotiva
    Besos

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  9. Ooooh que bonito todo y cuanto sentimiento. Si te soy sincera me muero un poquitín de envidia jajaja. Que lo disfrutes todo un mundo. Todo está tan hecho con el corazón que no me extraña que se te cayeran unas lagrimillas. Besos.

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  10. ¡Qué preciosidad! Desde luego que emociona.
    Disfrútalo ;)

    Besos!

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  11. Cómo para preparar otra sorpresa!! Si es que Marilú pone el listón muy alto. Maravilloso, plas plas plas... Espectacular plas plas plas... Muero de envidia grrrrr..... Jejeje Disfrútalo Cristina. Orgullosa de mi madrina. Besos.

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  12. Envidia es poco. ¡Qué maravilla de regalos, de carta, de todo!

    Disfrútalos tú, ya que los demás no podemos :-(

    Enhorabuena a Marilú y a Meg. Desde luego, son unas artistas.

    Un saludo.

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  13. Sí, envidia cochina, sí, sí y sí, lo confieso. Ay, que suerte puñetera. Disfrútalo mucho, ¡claro! qué seguro que lo harás. Abrazos.

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  14. Jopé, Cris, hasta me he emocionado yo leyéndote. No me extraña que Marilú te hiciese llorar!!! Qué bonito, la verdad, creo que este es uno de esos recuerdos para siempre, de los mejores. Besotes!!

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  15. Si te digo que me muero de envidia, lo entiendes ¿verdad?. Besos.

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  16. Buenoooo, qué regalazos y qué cajón tan bonito te han dedicado, me alegro de que te gustara. Un besazo y gracias por tus palabras :-)

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  17. Pero como no he visto esta pedazo de entrada antes???? jajajaja Claro que me das envidia, de la cochina cochina. Vaya originalidad desborda la gente por ahí. NI a la suela del zapato llego yo a eso, jajaja
    Disfruta hija, que las demás ya rabiamos lo nuestro :P
    Bs.

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  18. Qué gran gran regalo. Sí, creo que todos morimos de envidia mientras tú disfrutas de semejantes preciosidades.
    Un beso!

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